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Relecturas

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Inmersos en la producción cultural, en la reflexión teórica, en la práctica artística… no siempre reparamos en la estructura que subyace bajo estas producciones, reflexiones y/o prácticas. El cuestionamiento del medio nos retrotrae a una serie de preguntas esenciales, que continúan no tanto sin respuesta como sí siguen generando cuestiones sin cesar. De modo que su verdadera naturaleza no es contestar, sino seguir planteando esas u otras cuestiones; su única razón de ser.

Entrevista a Rogelio lópez Cuenca. Luisa Hedo.

(marzo 2008)  Museomanía 

-Comencemos por tus comienzos, háblame un poco del colectivo Agustín Parejo School, y de vuestra actitud crítica e irónica con respecto a la cultura.

Eramos un grupo de gente, estudiantes en su mayoría, que nos conocimos en 1977, la época del Punk, del 77 italiano, los Indiani Metropolitani, las Jornadas Libertarias de Barcelona… fue un momento de ruptura radical con la Política y la Cultura con mayúsculas, y esa ruptura se hizo, para sorpresa de las vacas sagradas de quienes nos reíamos, sin la seriedad mortal de la intelectualidad al uso sino como una fiesta, un carnaval. Y haciendo el ganso pasamos la llamada Transición y el “desencanto” y así nos pilló la institucionalización de la movida: los nuevos dirigentes culturales, entre la desorientación, la ignorancia y las ganas de marcha empezaron a prestar atención a gente como nosotros, que no teníamos la más mínima pretensión de hacer arte, simplemente estábamos viviendo… que es el modo en que se hace la cultura de tu tiempo, siempre, cotidianamente, colectivamente, sin los nombres propios de los genios singulares que selecciona el mercado y consagran el museo o la Historia del Arte.

- A mediados de los 80 decides presentarte como un artista independiente y empiezas a firmar tus trabajos. En 1988 haces tu primera exposición con Juana de Aizpuru, ¿qué es lo que te lleva a pasar de la marginalidad a entrar en los circuitos artísticos?

¿qué va a ser? Las leyes del mercado. Tú estas vendiendo un producto, tu fuerza de trabajo, tus servicios, y el mercado los rechaza o los acepta según le convenga en cada momento. Los artistas tienden a pensar que se merecen el éxito que tienen (¡nunca el fracaso!) pero el mercado del arte es de una arbitrariedad tal que da miedo: no es fácil caer en gracia. Y menos, conservarla. Y menos, entender por qué. Pero, por otro lado, en el arte ya rigen los mismos mecanismos que en la moda: novedad elitista, expansión, saturación… y vuelta a empezar. En mi caso, como en todos, creo, cuestión de suerte, de mucha suerte: en la época había ya un empacho de la pintura-pintura de los 80, de artistas entre místicos, trascendentales y bobalicones y  venía bien una transfusión neoconceptual, de autocrítica irónica… se buscaba ese toque, digamos, provocador, que hoy, degradado y adocenado, se ha convertido en la norma: una infantlización total, una inflación de pequeñas gamberraditas, de inocentes travesuras, de ocurrencias sin fin que aburren al más tonto… es el reino absoluto de la banalidad.

- El espacio público y la calle siempre han sido ámbitos de acción de tu trabajo, un supermercado, una estación de trenes o una sala de espera… ¿crees que cobra más sentido tu obra en este tipo de espacios que en la galería o en el museo?

Todo esto, las estrategias de interrupción parasitaria, las inserciones en circuitos públicos, el arte en la calle…hay también que irlo repensando. En los últimos años ha tenido lugar una transformación radical del espacio público urbano, y el arte no ha permanecido, por supuesto, al margen. Y no me refiero, claro, al redondo negocio de las rotondas y la escultura urbana y los museos al aire libre, sino a los eventos de arte público, a las intervenciones temporales, ya que la cooptación de los recursos del arte público crítico por parte de la lógica de la espectacularización lo ha hecho, por una parte, indistinguible de la publicidad comercial, y, por otra, lo ha convertido en parte del programa de producción cíclica de eventos para la renovación de la imagen-mercancía de la ciudad en la pugna por atraer los flujos de capital. Rara vez hacen estos eventos otra cosa que añadir capital simbólico para la ciudad-marca y echar leña al fuego del entretenimiento estandarizado y la disneyficación de la ciudad, colaborando activamente en la destrucción del tejido urbano y las relaciones sociales y en su sustitución por el consumo como única experiencia posible.

-Has manifestado en más de una ocasión tu gusto por lo procesual en lugar de por la obra acabada, frente a la cultura del objeto tu propones una cultura del proyecto, ¿tiene entonces algún sentido la exposición de las obras?

Son momentos diferentes. Y son roles diferentes el de los artistas y el de los museos. Se trata de que lo que llamamos “la obra” sea capaz de poner en marcha, de iniciar otros procesos. Los museos no pueden limitarse a exhibir, a mostrar la obra de los artistas: tienen que explicarla, tienen que contextualizar esos trabajos, hacerlos legibles y susceptibles de desencadenar otros acontecimientos. Un museo o un centro de arte no se puede comportar como una galería, ni ejercer de correa de transmisión de los intereses del mercado ni ser su coartada de legitimación y consagración…ni tampoco ser una fábrica de eventos espectaculares, de llamativos reclamos para el turismo o los media, de ocasiones de foto para políticos en pose de cortar cintas inaugurales. El museo tiene que recuperar su papel cívico, ciudadano, republicano, pero a la vez renunciando a la soberbia autoritaria elitista. El museo no tiene que adoctrinar, su objetivo no puede ser el de crear clientes, autómatas consumidores de exposiciones, sino ciudadanía crítica. La exposición tiene que dejar de ser la actividad central del museo… pero, ¡ay! si en algunos el centro es ¡la tienda de souvenirs!

- Me gustaría que me hablaras ahora un poco de tu exposición “Hojas de Ruta” que se puede ver en el Patio Herreriano de Valadolid. Vuelven a aparecer los temas que siempre te han inquietado, quizás con una mirada más antropológica.

Insisto es que ése me parece que tiene que ser el papel principal de un museo, frente a la obsesión por la imagen, a la progresiva invasión de la gestión de tipo empresarial y la lógica de las cifras, los números de visitas, su presencia en los media…No niego las posibilidades del museo como gestor o productor de proyectos artísticos, pero corre el riesgo de pretender constituirse en el productor único de la Historia del Arte: Las obras tiene que tener, creo, una vida previa y pública, circular, dialogar con el mundo antes de someterse al espacio privilegiado de reflexión que debe ser el museo. De eso pretende ser ocasión esta exposición, de relectura y crítica de una serie de trabajos realizados durante los últimos años en distintas ciudades y que tienen como objeto de estudio específico a la ciudad misma y su historia –su historia oscura, su lado oculto principalmente. Son ejemplos de proyectos producidos en colaboración con estudiantes, jóvenes artistas o especialistas de diversos campos y que proponen modos de narrar polifónicos, abiertos, antiautoritarios de dibujar unas cartografías “otras” capaces que repolitizar la experiencia del lugar.

Tu trabajo siempre ha sido de una naturaleza claramente política. A través de la paradoja, el humor, y desde una perspectiva ácida y crítica has denunciado nuestra realidad social, porque al fin y al cabo “también nuestros sueños pueden hacerse un día realidad y no sólo la pesadillas”

El modo de explotación capitalista postindustrial le ha otorgado a la cultura un papel central inédito, los museos y su ostentosa arquitectura-imagen son la coartada soñada por la especulación urbanística, la cultura es la cortina de humo ideal para los abusos más impresentables, la privatización de los servicios y hasta de la gestión de los centros de arte, la dependencia creciente respecto del patrocinio privado, la censura abierta o encubierta… todo esto hace que los artistas están hoy, quieran o no, en primera fila de la lucha entre un modelo de cultura y de vida, del que somos espectadores embobados, víctimas, o una existencia de la que seamos dignos protagonistas. Las imágenes son el más poderoso mecanismo de control social y, si por un lado, sirven para camuflar las condiciones del dominio, también son el arma más valiosa de resistencia y de contrapoder. Y no se trata sólo de denuncia, sino de sino de propuestas de otros modos de ver, de otros modos de hacer, de otras maneras de pensar el mundo, de decirlo: experimentar otros lenguajes es proponer otros modos de vida.

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. 09 Abr 08 | Rogelio López Cuenca


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